Revelo generacional con éxito en la empresa

Relevo generacional en la empresa familiar: cómo proteger el legado de una empresa beauty

Construir una empresa puede llevar cuarenta años. Destruirla, a veces, solo cuatro.

Durante más de treinta años he tenido la oportunidad de conocer cientos de empresarios. Algunos levantaron su empresa desde un pequeño despacho, un modesto taller, una marca propia, una distribuidora, un laboratorio o un proyecto vinculado al sector beauty, salud y bienestar.

Otros comenzaron prácticamente solos, trabajando de día y de noche, hipotecando su patrimonio, renunciando a vacaciones y soportando una presión que solo quien ha emprendido puede comprender.

Todos compartían algo en común: la ilusión de construir un proyecto que perdurara en el tiempo.

Cómo evitar destruir en cuatro años lo que costó cuarenta construir

Sin embargo, con demasiada frecuencia he visto cómo empresas extraordinarias desaparecían en muy pocos años después de producirse el relevo en la dirección.

Y no porque el mercado hubiera cambiado, ni porque el producto dejara de ser competitivo, ni siquiera porque faltaran clientes.

El problema casi nunca estaba en la empresa, estaba en la forma de gestionar su continuidad.

Porque el relevo generacional en una empresa familiar no consiste en entregar unas llaves, un despacho o un cargo.

Consiste en proteger el legado construido durante toda una vida.

Qué es el relevo generacional en una empresa familiar

El relevo generacional es el proceso por el cual una empresa prepara el paso de una generación a otra, o de un fundador a una nueva dirección.

Pero, en realidad, es mucho más que una sucesión en el cargo: es un proceso de continuidad empresarial.

Cómo ejecutar el relevo generacional en una empresa familiar

Consiste en asegurar que la empresa pueda seguir funcionando, vendiendo, tomando decisiones y creciendo cuando la persona que la fundó ya no esté al frente del día a día.

En empresas familiares del sector beauty, cosmética, perfumería, aparatología, bienestar o salud, este punto es especialmente importante.

Muchas veces el fundador no solo dirige, también vende, negocia, decide, resuelve problemas, conoce personalmente a clientes y proveedores, entiende el producto, interpreta el mercado y conserva en su cabeza una parte enorme del conocimiento de la empresa.

Si todo eso no se transmite bien, el relevo se convierte en un riesgo.

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Cuándo debe empezar la sucesión en una empresa

El mayor error no suele ser la falta de sucesor.

Es creer que el relevo empieza cuando el fundador decide jubilarse o dejar paso a la nueva generación.

Nada más lejos de la realidad.

El relevo empieza muchos años antes.

Empieza cuando el empresario comienza a construir una organización capaz de funcionar sin depender exclusivamente de él.

Y eso implica mucho más que formar a un hijo, una hija o a un futuro director general.

Implica construir una empresa sólida.

  • Con procedimientos.
  • Con personas que sepan trabajar en equipo.
  • Con responsabilidades bien definidas.
  • Con información ordenada.
  • Con una dirección clara. Y, sobre todo…
  • Con un equipo capaz de mantener el rumbo cuando cambie el capitán.

Cómo preparar una empresa para el cambio generacional

Preparar una empresa para el relevo no significa desaparecer de un día para otro.

Significa ir creando las condiciones para que la transición sea posible.

Una empresa preparada para el cambio generacional no depende de la memoria de una sola persona. Tiene procesos, criterios de decisión y una estructura mínima que permite continuar.

Esto no quiere decir burocratizar la empresa, quiere decir ordenar lo importante.

  • Quién decide.
  • Quién vende.
  • Quién compra.
  • Quién lidera al equipo.
  • Quién mantiene las relaciones estratégicas.
  • Quién controla los números.
  • Quién garantiza que la cultura de la empresa no se pierda.

En una empresa beauty, donde muchas decisiones combinan producto, canal, marca, cliente, distribución y visión comercial, esta preparación es fundamental.

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El equipo humano en el relevo generacional

Cuando se habla del valor de una empresa solemos pensar en instalaciones, maquinaria, patentes, marcas, productos o facturación.

Sin embargo, después de muchos años asesorando empresas, he llegado a una conclusión diferente.

El mayor activo suele ser el equipo humano.

Ese equipo que lleva años trabajando unido.

Que conoce a los clientes, que sabe resolver problemas antes incluso de que aparezcan, que comparte una forma de trabajar y que transmite la cultura de la empresa sin necesidad de escribirla en ningún manual.

Equipo humano en la sucesión empresarial

Un empresario inteligente no solo prepara a quien algún día ocupará la dirección, también protege y cuida al equipo que hará posible esa transición.

Porque un equipo experimentado reduce enormemente el riesgo del relevo y también facilita que quien llega pueda aprender mucho más deprisa.

Dos ejemplos de sucesión empresarial: improvisar o preparar

A lo largo de mi vida profesional he realizado acompañamiento en la toma de decisiones a multitud de empresas beauty y he podido ver casos de enorme éxito y otros profundamente dolorosos.

Recuerdo especialmente una empresa industrial que fabricaba motores eléctricos.

Su fundador había empezado prácticamente desde cero.

Después de décadas de esfuerzo consiguió crear una compañía con cerca de noventa empleados, unas modernas instalaciones y un enorme prestigio en su sector.

Su hija se preparó para asumir la dirección.

Todo parecía indicar que el relevo sería un éxito.

Sin embargo, apenas cuatro años después del relevo, la empresa atravesó una situación muy complicada.

Es cierto que el mercado también vivía momentos difíciles, pero la forma de gestionar esas circunstancias terminó siendo determinante para su futuro.

Se perdió la confianza de clientes y proveedores.

La organización dejó de funcionar como un equipo.

El fundador tuvo que regresar cuando ya era demasiado tarde.

La empresa acabó desapareciendo.

Lo más triste no fue únicamente perder una compañía, fue ver cómo cuarenta años de esfuerzo desaparecían en muy poco tiempo.

Pero también he vivido el caso contrario.

Dos empresarios fundaron juntos una empresa.

Con el paso de los años incorporaron a sus hijos.

Les dieron tiempo para formarse.

Les enviaron a trabajar fuera de la empresa.

Al incorporarlos, les hicieron aprender desde abajo.

Y cuando llegó el momento del relevo, ambos respetaron la filosofía que habían recibido de sus padres.

La nueva generación aportó innovación, nuevas tecnologías y una forma diferente de liderar los equipos.

La empresa continuó creciendo.

Superó momentos difíciles.

Y años más tarde fue adquirida por uno de los mayores grupos europeos del sector, manteniendo el valor de la compañía, las marcas y gran parte del empleo.

La diferencia entre ambas historias no fue la suerte.

Fue la preparación.

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Por qué dirigir una empresa familiar no debería heredarse sin preparación

Esta es probablemente la reflexión más importante que puedo compartir.

Una empresa puede heredarse, la responsabilidad de dirigirla hay que ganársela.

Ser hijo del fundador nunca debería ser el único mérito para dirigir una empresa.

Cómo gestionar la sucesión empresarial con éxito

La dirección exige conocimientos, experiencia, capacidad para tomar decisiones difíciles. Y, sobre todo, liderazgo.

Por eso siempre he admirado a los empresarios que obligan a la siguiente generación a trabajar fuera de la empresa, adquirir experiencia, equivocarse, aprender y regresar después con una visión mucho más amplia.

Cuando finalmente asumen responsabilidades, no llegan porque son los hijos del fundador.

Llegan porque se han ganado el respeto del equipo.

Y eso cambia completamente la forma en la que la organización acepta el relevo.

Qué hacer cuando no hay sucesor en la empresa familiar

Muchos empresarios no tienen hijos.

Otros sí los tienen, pero no desean continuar el negocio familiar.

Y en otros casos, sencillamente, no están preparados.

¿Significa eso que la empresa está condenada?

En absoluto.

En muchas ocasiones, la mejor solución consiste en profesionalizar la gestión.

  1. Incorporar directivos externos.
  2. Preparar una transición ordenada.
  3. O incluso diseñar una futura venta de la empresa preservando su valor.

Y es precisamente aquí donde una visión externa puede aportar un enorme valor.

Un consultor externo con experiencia no llega para sustituir al empresario.

Llega para ayudarle a tomar decisiones difíciles con objetividad.

A ver el bosque completo.

A detectar aquello que debe cambiar.

A reforzar aquello que funciona.

Y a diseñar un proceso de continuidad que preserve el legado construido durante tantos años.

Pero también aquí existe una regla de oro:

La improvisación casi nunca da buenos resultados.

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Profesionalizar la gestión sin perder el legado

¿De verdad vas a dejar la empresa de tu vida en manos de alguien a quien apenas conoces?

La incorporación de un nuevo director general exige un proceso riguroso de selección, referencias contrastadas y una transición bien planificada.

No se trata de entregar unas llaves y desaparecer.

La nueva dirección irá asumiendo progresivamente el volante mientras el empresario seguirá ocupando, durante un tiempo, el asiento del copiloto.

Con el road-book de la empresa en la mano, transmitirá conocimiento, evitará errores ya vividos y dará confianza para que el nuevo liderazgo encuentre su propio camino.

Profesionalizar una empresa familiar no significa borrar su historia.

Significa protegerla, ordenar lo que funciona, corregir lo que ya no sirve y preparar la organización para seguir creciendo sin perder su esencia.

El verdadero legado: una empresa capaz de seguir creciendo

El mejor legado no es la empresa.

Es dejar una organización capaz de seguir creciendo.

El verdadero legado no es el edificio, ni la facturación, ni siquiera la marca.

El verdadero legado es haber construido una organización capaz de seguir avanzando cuando su fundador ya no ocupe el despacho principal.

Porque construir una empresa requiere inteligencia.

Mantenerla durante décadas exige constancia.

Pero garantizar su continuidad requiere, además, generosidad.

La generosidad de preparar a otros para hacerlo incluso mejor que nosotros.

Después de más de treinta años creando empresas, desarrollando mercados internacionales y acompañando a empresarios en momentos decisivos, he aprendido que los mayores errores rara vez aparecen de un día para otro.

Se gestan lentamente.

Por eso el relevo no debería empezar cuando alguien piensa en jubilarse.

Debería empezar mucho antes.

El día en que el empresario decide que su empresa merece seguir creciendo incluso cuando él ya no ocupe el despacho principal.

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Historia, continuidad y orgullo empresarial

Recuerdo que, cuando empecé a viajar a Estados Unidos, hubo dos detalles que siempre llamaron mi atención.

El primero era que muchas empresas añadían junto a su logotipo una pequeña inscripción:

Est. 1852

Est. 1924

Est. 1948

No presumían únicamente de lo que vendían.

Presumían de su historia, de su continuidad, del legado construido generación tras generación.

El segundo detalle era que en muchos de sus catálogos aparecía la fotografía del fundador acompañada de unas líneas explicando cómo había nacido la empresa.

Hoy ese espacio equivaldría perfectamente al apartado “Quiénes somos” de una página web.

Siempre pensé que aquello decía mucho más que cualquier campaña publicitaria.

Transmitía confianza. Transmitía permanencia. Transmitía orgullo.

Claves de éxito en el relevo generacional de tu empresa

En España todavía existen muchas empresas extraordinarias, también dentro del sector beauty, que no ponen suficientemente en valor su historia.

Y quizá haya llegado el momento de hacerlo.

Porque las empresas no solo deberían sentirse orgullosas de lo que son.

También deberían sentirse orgullosas del camino recorrido para llegar hasta aquí.

Las empresas no fracasan porque envejezcan sus fundadores.

Fracasan cuando dejan de preparar, con tiempo y generosidad, a las personas que deberán continuar el camino.

Por eso, cuando una empresa llega a un momento de cambio, crecimiento o relevo, lo importante no es improvisar, sino entender primero dónde está, qué debe proteger y qué decisiones necesita ordenar.

Esa es precisamente la base de mi forma de trabajar: acompañar al empresario con una visión externa, práctica y estratégica.

Si quieres conocer mejor cómo abordo este tipo de procesos y cual es mi metodología de consultoría para empresas del sector estética y beauty, no dudes en solicitar una primera llamada.

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