Etiqueta: rentabilizar empresa

  • Por qué el marketing no puede compensar una mala estrategia comercial

    Por qué el marketing no puede compensar una mala estrategia comercial

    Cuando las ventas no alcanzan los objetivos previstos, muchas empresas llegan rápidamente a la misma conclusión: necesitamos hacer más marketing.

    La regla parece simple: más publicidad, más redes sociales, más campañas, más leads.

    Pero en muchas ocasiones, el problema está en otro lugar: cliente equivocado, canal poco adecuado, propuesta de valor poco clara, argumentario comercial débil, falta de seguimiento o ventas que dejan poco margen.

    En esos casos, aumentar la inversión en marketing difícilmente resolverá el problema. Porque el marketing amplifica una estrategia, no sustituye su ausencia.

    Antes de buscar más visibilidad, una empresa debería saber qué quiere vender, a quién, por qué deberían comprárselo, a través de qué canal y con qué rentabilidad.

    Marketing y estrategia comercial: por qué no deberían ir por separado

    Los departamentos de marketing y de ventas cumplen funciones diferentes, pero deberían formar parte de una misma estrategia.

    El marketing ayuda a construir posicionamiento, despertar interés y conseguir que potenciales clientes conozcan una empresa, una marca o un producto.

    Marketing y estrategia comercial unidos para generar ventas

    La estrategia comercial para empresas beauty debe transformar ese interés en negocio: definir clientes prioritarios, canales, propuesta de valor, precios, márgenes, argumentario y seguimiento.

    Una campaña puede atraer a muchas personas, pero no puede corregir un precio mal planteado, un canal equivocado o una propuesta poco diferenciada.

    Más marketing no arregla una dirección comercial equivocada.

    Generar leads no significa conseguir clientes rentables

    Veamos un caso real.

    Una empresa que comercializaba un producto premium invertía cada mes en publicidad y conseguía muchos leads.

    Al analizarlos, aproximadamente un 50 % no estaba dispuesto a pagar el precio. Otro 40 % tenía interés, pero necesitaba resolver dudas. Aproximadamente un 10 % mostraba intención clara de compra. Y de ese 10 %, alrededor de la mitad terminaba comprando.

    Simplificando:

    100 leads → 10 oportunidades reales → 5 ventas.

    ¿Significa eso que la campaña funcionaba? Depende de lo que midamos.

    Si solo observamos el número de leads, probablemente sí. Pero la empresa también había pagado publicidad, agencia, creatividades, tecnología, personal comercial, seguimiento, logística y servicio posventa.

    La pregunta importante no era cuánto costaba conseguir un lead, sino cuánto costaba conseguir un cliente rentable.

    ✉︎ QUIERO MEJORAR MI ESTRATEGIA COMERCIAL

    Del lead a la venta rentable: lo que muchas empresas no miden

    Podríamos simplificar el recorrido así:

    Visibilidad → Interés → Lead → Oportunidad → Venta → Margen → Recurrencia

    Una campaña puede funcionar en las primeras fases y fracasar económicamente al final. Podemos conseguir impresiones, clics, leads e incluso ventas. Y, aun así, perder dinero.

    Por eso, el objetivo no debería ser generar más contactos.

    El objetivo debería ser conseguir clientes a un coste que permita ganar dinero y construir una relación sostenible.

    El coste real de una venta: mucho más que fabricar un producto

    Cuando analizamos la rentabilidad, resulta tentador hacer una cuenta sencilla: precio de venta menos coste de fabricación igual a margen.

    Pero entre fabricar un producto y conseguir que un consumidor lo compre existe toda una estructura: packaging, transporte, publicidad, agencia, tecnología, comisiones, personal comercial, seguimiento, financiación, logística, garantías, devoluciones y servicio posventa.

    Conocer la rentabilidad real de un producto en el plan de marketing

    Por eso, antes de celebrar leads o facturación, conviene hacerse una pregunta menos agradable:

    Después de pagar todo lo necesario para conseguir esa venta, ¿seguimos ganando dinero?.

    Como ya hemos comentado anteriormente, vender más no siempre significa ganar más.

    Canales comerciales: cómo elegir el adecuado para cada cliente y producto

    Nunca habíamos dispuesto de tantas herramientas para contactar con potenciales clientes: WhatsApp, LinkedIn, Instagram, publicidad digital, ecommerce, marketplaces, distribuidores, agentes, ferias, demostraciones o visita presencial.

    Pero disponer de más posibilidades no significa que sea más fácil vender.

    Algunos canales están saturados. Otros generan desconfianza. Otros dan visibilidad, pero difícilmente cierran una venta compleja.

    No existe un canal universalmente perfecto. Existe un canal (o una combinación de canales) adecuado para cada cliente, producto y momento del proceso de compra.

    También conviene diferenciar entre canal de captación y canal de venta. Una cosa es que el cliente descubra la marca y otra que confíe, entienda la propuesta, resuelva sus objeciones y finalmente compre.

    Precio y propuesta de valor: cuando el mercado no acepta tus costes

    Existe otro factor que ninguna estrategia comercial puede ignorar: el precio.

    Una empresa puede calcular cuánto necesita cobrar para fabricar, comercializar, distribuir y atender correctamente un producto obteniendo un margen razonable.

    Rentabilidad en el coste de producto

    Pero el mercado no tiene ninguna obligación de aceptar nuestra estructura de costes.

    El consumidor compara y dispone de más alternativas que nunca. Cuando encuentra un producto aparentemente similar por menos dinero, su pregunta suele ser sencilla:

    «¿Por qué debería pagar más?»

    El marketing puede comunicar una diferencia. Pero primero debe existir una diferencia que el cliente comprenda, valore y esté dispuesto a pagar.

    Si el precio mínimo que necesita la empresa para ser rentable supera el precio máximo que acepta el mercado, tenemos un problema de modelo de negocio que ninguna campaña resolverá.

    Marketing y ventas: cómo alinearlos para conseguir negocio rentable

    En demasiadas empresas, marketing y ventas funcionan como departamentos independientes.

    • Marketing habla de campañas, alcance, tráfico y leads.

    • Ventas habla de clientes, pedidos, facturación y objetivos.

    Pero ambos deberían estar hablando de lo mismo: negocio rentable.

    • Marketing necesita saber qué contactos terminan comprando, qué perfiles dejan mejores márgenes, qué argumentos funcionan y qué objeciones aparecen.

    • Ventas necesita comprender qué posicionamiento está construyendo la empresa, qué expectativas genera la comunicación y de dónde proceden las oportunidades.

    Cuando esa información circula en ambas direcciones, marketing atrae mejores oportunidades y ventas aprende a convertirlas mejor.

    Marketing y ventas no deberían trabajar uno detrás del otro, deberían trabajar uno al lado del otro.

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    Qué revisar antes de invertir más en marketing

    Cuando las ventas no evolucionan como esperábamos, antes de aumentar el presupuesto quizá deberíamos revisar el proceso desde el principio:

    Cliente → Problema → Propuesta de valor → PVP → Margen → Canal → Captación → Conversión → Recurrencia

    Y responder algunas preguntas:

    • ¿vendemos al cliente adecuado?
    • ¿la propuesta de valor explica por qué elegirnos?
    • ¿el PVP es aceptable y rentable?
    • ¿utilizamos el canal adecuado?
    • ¿cuánto cuesta captar y convertir?
    • ¿la venta deja margen?

    Solo después de responder estas preguntas deberíamos decidir si necesitamos invertir más en marketing.

    Cuando conviene invertir más en marketing

    Quizá descubramos que el problema no estaba en la cantidad de personas que atraíamos. Estaba en lo que ocurría después.

    El marketing amplifica una estrategia, no sustituye su ausencia

    Una buena estrategia comercial necesita marketing. Y un buen marketing necesita detrás una estrategia comercial capaz de transformar la atención conseguida en negocio.

    No se trata de elegir entre marketing o ventas, sino de conseguir que ambos trabajen en la misma dirección.

    Conseguir que miles de personas conozcan una propuesta comercial mal planteada no solucionará el problema. Puede incluso hacerlo más grande.

    Conseguir clientes no es suficiente, hay que conseguirlos a un coste que permita ganar dinero.

    Antes de decidir cuánto más invertir, quizá convenga hacerse una pregunta diferente:

    ¿Estamos seguros de que nuestro problema es de marketing?

    Porque el marketing amplifica una estrategia; no sustituye su ausencia.

    Antes de invertir más en marketing, quizá conviene revisar si la estrategia comercial está bien construida.

    En mi trabajo como consultor para empresas beauty, este diagnóstico es siempre el punto de partida, porque muchas veces no se trata de hacer más acciones, sino de ordenar mejor las decisiones.

    Ese es el primer paso para convertir la visibilidad en negocio rentable.

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  • Por qué vender más no significa ganar más en una empresa beauty

    Por qué vender más no significa ganar más en una empresa beauty

    Hay una frase que cualquier empresario quiere escuchar: “Este año hemos vendido más.”

    Más clientes. Más pedidos. Más distribuidores. Más referencias. Más mercados. Más facturación.

    Aparentemente, todo son buenas noticias.

    Pero cuando termina el ejercicio y analizamos la cuenta de resultados, la tesorería y la situación real de la empresa, puede aparecer una pregunta bastante más incómoda:

    «Si vendemos más, ¿por qué no ganamos más?»

    Es una situación mucho más habitual de lo que parece.

    Aumentar ventas en empresas del sector belleza

    Especialmente en el sector beauty, donde crecer puede significar incorporar nuevos productos, abrir canales, aumentar promociones, asistir a más ferias, entrar en marketplaces, contratar comerciales, incrementar stock o internacionalizar la empresa.

    Todo ello puede aumentar las ventas, pero también puede aumentar los costes, reducir los márgenes y multiplicar la complejidad.

    Por eso conviene recordar una idea muy sencilla:

    El crecimiento que engorda no siempre es el crecimiento que fortalece.

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    Vender más, facturar más y ganar más no son lo mismo

    Aunque a menudo utilizamos estos conceptos como indicadores de crecimiento, representan realidades empresariales muy diferentes.

    • Vender más significa aumentar el número de productos, servicios u operaciones realizadas.
    • Facturar más significa incrementar los ingresos generados por esas ventas.
    • Ganar más significa que, después de asumir todos los costes necesarios para generar esos ingresos, queda más beneficio.
    • Tener más caja significa disponer de liquidez suficiente para afrontar las obligaciones de la empresa.
    • Y crecer de forma rentable significa conseguir que el crecimiento genere valor económico sostenible sin deteriorar los márgenes, la tesorería, la estructura ni el control del negocio.

    Una empresa puede vender más y facturar más y, sin embargo, ganar menos.

    Incluso puede tener beneficios sobre el papel y sufrir problemas de tesorería.

    Ahí empieza uno de los grandes errores de muchas empresas: confundir crecimiento con volumen.

    No todas las ventas tienen el mismo valor

    Imaginemos una empresa cosmética que vende un producto a través de tres canales diferentes:

    + Venta directa.
    + Distribuidores profesionales.
    + Marketplace.

    El PVP puede ser exactamente el mismo, pero la rentabilidad que obtiene la empresa en cada operación puede ser completamente diferente.

    Rentabilidad en lanzamientos sector beauty

    Cada canal puede implicar distintas comisiones, descuentos, gastos comerciales, costes logísticos, devoluciones, promociones, publicidad o condiciones de pago.

    Por eso, cuando una empresa me dice: “Este canal nos está funcionando muy bien porque vende muchísimo”, mi siguiente pregunta sería:

    «¿Y cuánto dinero deja realmente cada venta?»

    Porque aumentar las ventas de un canal poco rentable puede provocar una paradoja empresarial: cuanto más vendemos, más trabajamos… pero no necesariamente más ganamos.

    Caso real: cuando vender más exige invertir cada vez más para ganar lo mismo

    Durante aproximadamente diez años distribuimos en España una marca suiza de cosmética premium anti-aging.

    Era un producto de gran calidad, fabricado en Europa y perfectamente capaz de competir por resultados con marcas internacionales situadas en segmentos de precio superiores.

    Vendíamos bien y el negocio era rentable.

    Pero el mercado cambió.

    La oferta de cosmética anti-aging se multiplicó y también lo hizo la inversión necesaria para conseguir visibilidad.

    Para mantener nuestra posición tuvimos que multiplicar aproximadamente por tres el esfuerzo en marketing, sin poder trasladar ese incremento de costes al precio final del producto.

    Podíamos continuar vendiendo.

    El problema era cuánto teníamos que invertir para conseguir esas ventas y qué rentabilidad nos dejaban después.

    Planteamos entonces al fabricante una decisión muy clara: si quería multiplicar su presencia en España, necesitábamos compartir la inversión necesaria para conseguirlo.

    Sin ese apoyo, decidimos abandonar la distribución.

    El producto seguía siendo bueno. Había clientes. Había ventas.

    Lo que había dejado de funcionar era la ecuación económica del negocio.

    El peligro de vender a cualquier precio

    Una de las formas más rápidas de incrementar las ventas es reducir precios.

    • Descuentos.
    • Promociones.
    • Rappels.
    • Bonificaciones.
    • Campañas especiales.
    • Ofertas permanentes.

    El problema aparece cuando el descuento deja de ser una herramienta comercial puntual y se convierte en el principal argumento para vender.

    Supongamos un producto que se vende por 100 euros y deja 30 euros de margen.

    Si aplicamos un descuento del 10 %, el beneficio no disminuye necesariamente un 10 %.

    Puede disminuir mucho más.

    Baja rentabilidad en lanzamientos de productos beauty. Más oferta no es siempre más ingresos

    Porque buena parte de los costes permanecen exactamente iguales.

    Esto obliga a vender considerablemente más unidades simplemente para obtener el mismo resultado económico.

    Y existe además otro peligro: acostumbrar al mercado a comprar únicamente cuando hay promociones.

    La pregunta correcta, por tanto, no debería ser solamente:

    ¿Cuánto aumentarán las ventas con esta promoción? Sino también: ¿Cuántas unidades adicionales necesitamos vender para compensar el margen que estamos sacrificando?

    ✉︎ TE AYUDO A CRECER

    Caso real: cuando bajar el precio acaba destruyendo el margen

    Hace unos 25 años detectamos una oportunidad dentro de nuestra actividad como fabricantes de aparatología beauty profesional: desarrollar un equipo de presoterapia específicamente diseñado para uso doméstico.

    Aprovechando nuestra experiencia y parte de la tecnología de nuestros equipos profesionales, desarrollamos un dispositivo sencillo, seguro y fabricado con materiales de calidad.

    Durante cerca de quince años vendimos miles de unidades, con un PVP alrededor de 1.200 euros.

    El mercado funcionaba.

    Hasta que Internet empezó a llenarse de equipos fabricados en Asia con precios entre aproximadamente 80 y 300 euros.

    Nuestro producto y aquellos aparatos difícilmente podían compararse únicamente por precio, pero eso era precisamente lo que empezó a hacer una parte importante del mercado.

    Intentamos competir reduciendo nuestro PVP por debajo de los 1.000 euros.

    Seguíamos vendiendo.

    Pero cada venta dejaba menos margen y, con menos margen, disponíamos de menos recursos para financiar el marketing y la estructura comercial necesarios para defender un producto premium.

    Teníamos dos alternativas: reducir calidad para intentar acercarnos a los precios de la nueva competencia o mantener nuestros estándares y seguir peleando.

    Sector beauty: Más ventas no es igual a más ingresos

    Elegimos lo segundo.

    La pandemia añadió finalmente otro problema: cerró el proveedor de determinados componentes y, cuando conseguimos encontrar otro capaz de mantener la calidad necesaria, el coste de producción se había multiplicado aproximadamente por cuatro.

    Era imposible repercutir ese incremento al consumidor.

    Abandonamos el producto.

    Y aquella experiencia me dejó una enseñanza que sigo considerando válida muchos años después:

    Un producto puede venderse, gustar y ser excelente y, aun así, dejar de ser un buen negocio.

    Porque llega un momento en que proteger las ventas destruyendo el margen significa proteger la facturación, pero no proteger la empresa.

    Más referencias no siempre significan más rentabilidad

    El sector beauty tiene una enorme capacidad para generar novedades.

    Nuevas fórmulas, nuevos tratamientos, nuevos formatos, nuevos colores, nuevos tamaños, nuevos packs, nuevos lanzamientos…

    Y cada nueva referencia parece inicialmente una nueva oportunidad de venta.

    Pero cada SKU adicional también puede significar más stock, más espacio, más capital inmovilizado, más previsiones de compra, más material promocional, más formación comercial y mayor riesgo de obsolescencia.

    Una empresa puede tener 100 referencias y descubrir que una parte muy pequeña de ellas genera la mayor parte de su rentabilidad.

    Mientras tanto, las demás consumen recursos y atención.

    Por eso resulta imprescindible analizar periódicamente no solo qué productos venden más, sino también qué productos ganan más dinero.

    En algunos casos puede hacerse necesaria la figura de un experto en evaluar y optimizar oferta / rentabilidad de la empresa. 

    No siempre coinciden.

    El coste oculto del crecimiento: más complejidad

    Hay otro indicador que rara vez aparece en una presentación comercial: la complejidad.

    Una empresa empieza con 20 referencias, un mercado y dos canales.

    Años después tiene 80 referencias, cuatro mercados, seis distribuidores, un ecommerce, varios marketplaces y clientes profesionales.

    Costes nuevos productos en sector Beauty: no siempre es rentable

    La facturación ha crecido.

    Pero también han crecido las incidencias, el stock, la logística, la administración, las reuniones, los sistemas informáticos y las necesidades de personal.

    La empresa tiene más actividad.

    Pero ¿tiene más control?

    Este punto es especialmente importante porque existe un momento en el crecimiento de muchas compañías en el que la estructura que permitió llegar hasta allí ya no sirve para gestionar la siguiente etapa.

    Seguir creciendo sin revisar esa estructura puede transformar el éxito comercial en un problema empresarial.

    ✉︎ HABLEMOS DE TU EMPRESA

    Facturar mucho y tener poca caja

    Probablemente sea una de las situaciones más frustrantes para cualquier empresario.

    La cuenta de resultados dice que la empresa gana dinero.

    Pero la cuenta bancaria dice otra cosa.

    Puede ocurrir por muchas razones: clientes que pagan a 60, 90 o 120 días, incremento de inventario, compras anticipadas, inversiones, financiación del crecimiento, devoluciones o necesidades adicionales de circulante.

    Y cuanto más rápido crece la empresa, mayor puede ser esa necesidad financiera.

    Por eso beneficio y caja tampoco son lo mismo.

    Una empresa rentable puede atravesar problemas de tesorería si financia mal su crecimiento.

    Y una empresa que crece muy deprisa puede incluso morir de éxito si no dispone de los recursos necesarios para financiar ese crecimiento.

    Qué significa crecer de forma rentable

    No se trata de dejar de vender.

    Todo lo contrario.

    Se trata de conseguir que cada euro adicional de facturación contribuya a fortalecer la empresa.

    Eso implica conocer, como mínimo:

    • El margen real por producto.
    • El margen por cliente.
    • La rentabilidad de cada canal.
    • El coste de adquisición de clientes.
    • La rotación del stock.
    • Las condiciones de cobro y pago.
    • El impacto real de descuentos y promociones.
    • El coste de mantener referencias poco rentables.
    • Los recursos adicionales necesarios para gestionar el crecimiento.

    Pero, sobre todo, implica cambiar una pregunta.

    En lugar de preguntar únicamente “¿Cómo podemos vender más?” conviene empezar a preguntarse “¿Qué nos interesa vender más?”. 

    Y una vez obtengamos  esta respuesta la siguiente pregunta debe ser:

    • A quién
    • A través de qué canal
    • Con qué margen.

    La diferencia parece pequeña.

    Empresarialmente, puede ser enorme.

    Crecer debería hacer la empresa más fuerte, no solo más grande

    Durante años hemos asociado crecimiento empresarial con facturación.

    Más ventas = empresa mejor.

    Pero la realidad es bastante más compleja:

    Una empresa puede duplicar su facturación y deteriorar su rentabilidad.

    ✔ Puede aumentar clientes y empeorar su tesorería.

    ✔ Puede lanzar productos y reducir su productividad.

    ✔ Puede abrir mercados y aumentar peligrosamente su estructura.

    ✔ Puede trabajar muchísimo más y ganar prácticamente lo mismo.

    Crecimiento rentable en empresas de belleza: qué tener en cuenta

    Y existe otra decisión empresarial de la que se habla mucho menos: Saber abandonar.

    ✖ Abandonar un producto que ya no resulta rentable.

    ✖ Un canal que factura mucho pero aporta poco margen.

    ✖ Un mercado que exige demasiados recursos.

    ✖ Una distribución que ha dejado de justificar la inversión necesaria para mantenerla.

    ✖ Renunciar a facturación puede parecer un fracaso cuando se observa únicamente la cifra de ventas.

    Pero algunas veces dejar de vender algo es precisamente lo que permite proteger la rentabilidad y los recursos necesarios para seguir creciendo.

    Por eso, antes de plantearse el siguiente objetivo comercial, quizá merezca la pena analizar qué está ocurriendo con las ventas actuales.

    No solamente cuánto estamos vendiendo.

    Sino qué estamos ganando realmente con cada venta y qué recursos estamos consumiendo para conseguirla.

    Porque el verdadero objetivo no debería ser construir una empresa que venda cada vez más.

    Debería ser construir una empresa que gane mejor, tenga más control y sea más sólida a medida que crece.

    Vender más no significa ganar más.

    Y cuando cambia el mercado, la pregunta no siempre es ¿Cómo podemos seguir vendiendo?. A veces, la pregunta correcta es mucho más incómoda:

    ¿Estas ventas siguen mereciendo la pena?

    Antes de buscar más ventas, conviene entender qué parte del crecimiento está generando valor y qué parte solo está aumentando la complejidad.

    En mi trabajo como consultor para empresas beauty, este análisis previo es siempre el punto de partida: ordenar los datos, revisar márgenes, detectar decisiones que consumen recursos y definir hacia dónde merece la pena crecer.

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