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La hidroterapia y sus orígenes
Hidroterapia es un término griego que significa "tratamiento
mediante agua". Integra distintas técnicas que utilizan
las propiedades del agua, principalmente las térmicas (agua a
distinta temperatura), mecánicas (agua a distinta presión)
y químicas (preparados que se pueden añadir al agua) para
actuar sobre el metabolismo del cuerpo humano, el sistema nervioso y
la circulación sanguínea.
El agua incide sobre la piel, el órgano más extenso del
cuerpo humano. La piel es un órgano neurovascular, es decir,
en ella se encuentran numerosos vasos sanguíneos por los que
circula la sangre que nutre las células, y fibras nerviosas,
sensitivas o que regulan las funciones de los distintos elementos que
la componen. Esto será fundamental para comprender la razón
de ser de la hidroterapia.
La piel tiene distintas funciones en el organismo, además de
ser la membrana que nos envuelve y nos protege del exterior. Tiene funciones
sensitivas, de regulación de la temperatura corporal, de secreción
glandular, excretoras o de secreción tóxica y de respiración.
Pero la piel es, además, una gran zona reflectógena, en
donde se manifiestan, por reflejo, anomalías de otros órganos.
Esta característica es importante. Por ejemplo, todo estímulo
térmico determina, en primer lugar, una respuesta local de los
vasos sanguíneos de la piel, y, acto seguido, por vía
refleja, de órganos y tejidos que se encuentran interconectados
por conexiones nerviosas.
Las distintas técnicas de la hidroterapia actúan sobre
la piel, la regularizan y la mantienen en perfecto estado. A través
de ella y mediante reflejos, revitalizan las defensas generales. La
hidroterapia mejora la circulación y el metabolismo, reeduca
los mecanismos reguladores térmicos y contribuye a restablecer
funciones motoras disminuidas o atrofiadas.

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Los orígenes de la hidroterapia
La hidroterapia es uno de los métodos de tratamiento, preventivo
y curativo, más antiguo que se conoce. Con precedentes en las
culturas egipcias e hititas, se desarrolló en la cultura helénica,
con Hipócrates y la Escuela de Cos, y tuvo un gran auge en la
Roma clásica, con médicos como Antonio Musa o Aulio Cornelio
Celso.
La hidroterapia moderna nace en la Alemania del XVIII de la mano de
Sigmund Hahn y de su hijo Johann, los primeros en destacar el papel
que ejerce la piel en la eliminación de sustancias nocivas para
el cuerpo y en estudiar las técnicas para activar esa función
con variaciones de la temperatura del agua.
Desarrollada más tarde por figuras como Vinzenz Priessnitz y,
especialmente, Sebastian Kneipp, la hidroterapia alcanzó rango
científico con el ilustre médico y profesor vienés
Wilhelm Winternitz, quien la introdujo en los planes de estudio de la
Facultad de Medicina de Viena, desde donde se extendió a otras
facultades de Centroeuropa.
Con Winternitz, y después con el Dr. J. Schindler, se dieron
los primeros pasos para la consolidación de la hidroterapia como
ciencia médica, cuando hasta entonces había estado basada
principalmente en la experiencia y en la práctica.
En la actualidad, la hidroterapia está plenamente aceptada, pese
a que su sencillez, fácil aprendizaje y aparente modestia teórica
hayan contribuido a crear cierta distancia intelectual en algunos estamentos
médicos.
La hidroterapia no es una panacea, un remedio universal, y no debe sustituir,
aplazar ni reemplazar otros tratamientos médicos, farmacéuticos
o quirúrgicos, pero es un colaborador eficaz tanto en la curación
como en la prevención de casi todas las enfermedades.
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