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Qué son las varices...

Las varices son dilataciones anormales y permanentes de las venas que pasan bajo la superficie cutánea de los miembros inferiores.

Estas dilataciones pueden ser circunscritas, limitadas a una zona y bien definidas, aunque en ocasiones son difusas y en muchos casos son tortuosas.

Las varices son una manifestación externa de alteraciones en el aparato circulatorio. Se producen siempre por la incapacidad de las venas de los miembros inferiores para conducir la sangre al corazón de forma correcta, lo que identifica la insuficiencia venosa.

La sangre se estanca en el interior de las venas, de forma más evidente en las venas superficiales, produciendo dilataciones permanentes.

Las varices son un problema muy frecuente en mujeres, aunque también lo sufren un alto porcentaje de hombres. Las estadísticas varían al no incluir algunas de ellas los casos más leves, pero todas coinciden en que afectan seriamente a más del 20 % de la población adulta.


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Casi en un 50 % de los casos aparecen antes de los treinta años, aunque se suelen hacer evidentes en edades más avanzadas.

Son las mujeres las más habitualmente perjudicadas. Entre los afectados por las varices, el número de mujeres es casi tres veces superior al de hombres.


Mayor riesgo: mujeres con "problemas de línea" y que trabajan de pie. Atención los sectores profesionales como hostelería, peluquería, comercio...


Puede decirse, por tanto, que la causa última de las varices es la posición erecta, la bipedestración, el hecho de que el ser humano camine erguido y no a cuatro patas. El sistema venoso o circulación de retorno es el más afectado por esta posición.

De ahí que las extremidades inferiores se encuentren en una situación límite cuando el individuo lleva cierto tiempo de pie y sin mover las piernas. Por eso las varices son frecuentes en las profesiones que exigen ese sacrificio.

 

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La circulación venosa de los miembros inferiores depende de dos sistemas de venas: el sistema venoso profundo y el sistema venoso superficial. Una parte del caudal sanguíneo del segundo pasa al sistema venoso profundo a través de un gran número de venas, las venas comunicantes o perforantes.

La función del sistema venoso es llevar la sangre desde los tejidos hasta el corazón. En los miembros inferiores el encargado de esta función es el sistema venoso profundo, que recoge la sangre de los tejidos musculares y, además, recibe la sangre del sistema superficial a través de las venas comunicantes.

En posición horizontal, la presión interna de las venas de los miembros inferiores es superior a la de la aurícula derecha, donde desemboca el sistema venoso profundo, por lo que la circulación venosa se realiza sin dificultad.

En posición erecta, la sangre debe vencer la fuerza de gravedad, para lo que recibe la ayuda de las masas musculares, que actúan como una bomba venosa. Pero las venas superficiales no disponen de una masa muscular próxima que les ayude como bomba venosa.

Sin embargo, sus paredes cuentan con una delgada capa muscular capaz de contraerse de forma rítmica impulsando la sangre.

Para asegurar el sentido de la circulación de la sangre, en el interior de las venas de las extremidades existen las válvulas semilunares, unos pequeños repliegues de la pared interna de forma semiesférica. Será la fragilidad de un sistema que depende de estas válvulas la que ocasione las varices.




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