La obesidad predispone a la celulitis por diversas razones:
Por la actividad
física reducida que comporta. Es raro que un obeso practique
algún deporte o desarrolle una actividad física intensa.
Suele ser al contrario, la obesidad se ve favorecida precisamente por
la inactividad física. Y esa falta de actividad deriva también
en celulitis.
Porque con la obesidad
se produce una disminución de la actividad circulatoria
general y local, debido a la compresión que la masa de grasa
endoabdominal ejerce sobre los colectores venosos de las raíces
de las articulaciones.
Por la reducida
actividad respiratoria, debida a que el sobrevolumen de las
vísceras presiona al diafragma, lo que se traduce en un organismo
"ralentizado", con problemas circulatorios y linfáticos
Sin embargo, no deben confundirse con la celulitis ciertas formas de
obesidad localizada que suelen aparecer circunscritas en hombros, tronco,
brazos y en especial en el abdomen.
El diagnóstico es diferente en la palpación del tejido
graso, que en este caso no revela en profundidad las típicas
granulaciones celulíticas, y en la ausencia de "piel de
naranja".
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La masa celulítica se presenta dura, poco móvil,
como en los tejidos subyacentes. No pueden formarse pliegues y es
imposible de pellizcar.
En la celulitis, el déficit circulatorio venoso se manifiesta
en forma de varicosidades superficiales y sensación de frío
en las extremidades.
En casos de obesidad, la celulitis se suele agravar
con los tratamientos adelgazantes fulminantes, que a menudo representan
también una de las causas de su aparición.